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Atlas de la Filosofía

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Tu empresa ya tiene obligaciones del Reglamento de IA (y probablemente no lo sabe)

Cuando en julio de 2026 se publicó el llamado Omnibus Digital , muchos titulares resumieron la noticia en una palabra: aplazamiento. El Omnibus es el Reglamento (UE) 2026/1744, una norma que modifica el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (conocido como RIA o, en inglés, AI Act ) con el objetivo declarado de simplificar su aplicación. Y es cierto que aplaza cosas importantes. Pero la idea de que el Reglamento de IA "todavía no toca" es equivocada, y puede salir cara. Varias obligaciones se aplican ya a cualquier empresa que use inteligencia artificial, aunque no la desarrolle, y otra vence el próximo 2 de diciembre. Este artículo abre una serie dedicada a explicar el Reglamento de IA en lenguaje llano, pensada para pequeñas y medianas empresas que usan estas herramientas sin contar con un departamento jurídico. Empezamos por lo más básico: qué obligaciones están ya en vigor y cuáles vienen después. Una empresa cualquiera Para situarnos, conviene pensar en un caso...

La ventaja duró muy poco

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Cuando en 2023 llegó ChatGPT lo incorporé inmediatamente a lo que hacía en mi trabajo, y fue fantástico. Y ojo, que estamos hablando de los principios, cuando todavía iba la cosa por el GPT-4. Da igual: me iba genial. Hacía una cantidad de trabajo enorme y de calidad en poco tiempo, y además sin estrés, sin ansiedad. Entregaba antes y mejor. Todo bien. Pues eso duró poquísimo. Ahora es una herramienta más, como el Word, el Excel, el PowerPoint. Entras en una empresa, te dan tu portátil, tu bolígrafo, tu libreta y tu licencia de Claude, o de Gemini, o de Copilot, o de lo que sea. Y ya está. Es infraestructura. Y aquí viene lo que quería contar: ahora hay más estres que antes de 2023. Se exige mucho más, porque ya no vale con la experiencia ni los conocimientos adquiridos. Ahora la incertidumbre es mayor, porque exigen cosas que superan el alcance de los conocimientos y de la experiencia del trabajador. Ahora con estas herramientas cualquiera es experto en cualquier cosa. Aruna Ranganath...

La tecnología no es neutral

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La tecnología se desarrolla de una manera concreta, con un sesgo concreto. Ahí entra en juego la economía, la ideología, la moral y otros factores que hacen que se busquen soluciones a unos problemas y a otros no tanto. E incluso que las soluciones sean unas mientras que otras posibles se desechan. No por menos viables, sino por no cuadrar con los ámbitos vigentes que acabo de mencionar. No estamos ante una tecnología neutral, sino ante una muy interesada. Y esto no es nuevo. Es así desde que en la Edad del Bronce, o del Hierro, el metal fue el diferenciador entre ganadores y derrotados. No ha cambiado en esencia, ni va a cambiar. El bronce era un diferencial de fuerza, sí. Pero era replicable. Podías aprender a fundirlo, podías robar el mineral, podías comprarle la espada al enemigo. Tardabas una generación, pero se cerraba la brecha. Lo mismo con la imprenta, con el telar, con el motor. La ventaja tecnológica ha sido históricamente una ventaja temporal. Lo de ahora no funciona ...

¿Y ahora donde reside la dificultad?

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Desde hace muchos años me gusta practicar caligrafía. También le cogí el gusto a intentar hacer alguna que otra acuarela. Y también he hecho cerámica. No soy experto en ninguna de estas cosas, en absoluto, pero de vez en cuando me pongo y hago cualquier cosa, sin valor en sí. Y para mí hacerlo es importante. Estas cosas tienen una carga terapéutica, o metafísica, o qué sé yo. Y no solo porque me hagan fluir (en el sentido del libro  Flow) , o en el sentido del mindfulness, o quizá de la arteterapia, sino porque además hago algo con las manos. Mi cerebro, mi mano, la tinta, la plumilla, el pincel. Todos esos elementos físicos, tangibles, solo funcionan si yo los activo. Ese fuerte componente manual. Ese componente de que yo soy la magia que los pone en acción. Y además sale imperfecto. Hay que practicarlo, y practicarlo, y nunca es perfecto. Siempre tiene algo humano. Pero incluso cuando sale algo que me gusta, no es por perfecto, sino porque en ello puedo reconocer la mano huma...

Sonreir por dentro

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 A una chica de veintitrés años que trabaja en una tienda de ropa en el centro le enseñan un lunes por la mañana el informe del cliente misterioso, que es esa persona que la empresa manda a comprar fingiendo ser un cliente cualquiera para luego puntuar cómo la han atendido, y en el apartado de trato hay un ocho sobre diez y una frase escrita a mano que dice que la sonrisa no le llega a los ojos. Ojo con lo que se le está reprochando ahí, porque no es que no sonriera; sonrió, saludó, acompañó al probador, dobló la ropa que el señor dejó del revés. Lo que se le reprocha es que se le notaba que estaba sonriendo, o sea, que por debajo de la sonrisa no había nada, y que el cliente lo captó. Y a partir de ese lunes ella sabe una cosa que el contrato no dice en ninguna parte: que lo que le pagan no es la sonrisa, es la sinceridad. Eso lo explicó hace más de cuarenta años Arlie Russell Hochschild, socióloga estadounidense, en un libro de 1983 que se llama The Managed Heart , que podríamo...

El síndrome de la impostora

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A una ingeniera de treinta y cuatro años le dan un ascenso un jueves por la tarde. Se lo comunican en un despacho, le dan la mano, le dicen que se lo merece. Y esa misma noche está en la cama a las dos de la mañana, sin poder dormir, repasando por qué se lo han dado a ella. Piensa si fue por el proyecto de Lisboa, que salió bien, o si fue porque cae bien y se lleva bien con todo el mundo. Piensa si el director la propuso convencido o si simplemente tocaba. Y en algún momento de esa noche piensa una cosa muy concreta, que es que ahora ya solo falta que alguien se dé cuenta. Al día siguiente se lo cuenta a su jefa tomando un café, medio en broma, como se cuentan estas cosas. Y su jefa, que la aprecia de verdad y que no tiene ninguna mala intención, por la tarde le manda un enlace. Es un artículo sobre el síndrome de la impostora. Ella lo lee, se reconoce en casi todo, y siente al principio un alivio grande, porque resulta que lo que le pasa tiene nombre y le pasa a mucha gente. Pero lue...

Echando un vistazo al reverso

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Martin Heidegger, en su ensayo La pregunta por la técnica (1954), sostiene que la tecnología no es solo un conjunto de herramientas o máquinas que utilizamos para hacer la vida más fácil, sino una forma de ver y entender el mundo. Todo lo que nos rodea (desde la naturaleza hasta los propios seres humanos) se transforma en un simple recurso disponible, algo que existe solo en la medida en que pueda ser usado, almacenado o explotado. Perdemos, así, la capacidad de percibir las cosas en su riqueza propia, en su ser más allá de su utilidad inmediata.  La IA, los algoritmos o la vigilancia digital convierten a las personas en mercancía, en datos y en consumidores predecibles: la advertencia de Heidegger va cobrando con el tiempo aún más sentido.  ¿Cómo condicionan nuestros propios dispositivos, algoritmos y redes digitales la forma en que pensamos, sentimos y actuamos?  ¿Nos servimos de la tecnología o, por el contrario, nos hemos convertido en sus sirvientes? La tecnología s...

Innovar o proteger

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Sócrates advertía que la escritura debilitaría la memoria humana porque la gente ya no dependería del conocimiento oral. Fue tachado de alarmista, pero en cierto sentido tenía razón: con el tiempo, la oralidad perdió peso como método de transmisión de conocimiento y hoy dependemos de dispositivos para recordar información, incluidos los libros en papel. La imprenta llegó en el siglo XV y transformó radicalmente la sociedad al hacer accesible el conocimiento a un público mucho más amplio. Esta innovación no solo permitió la reproducción masiva de textos, sino que también rompió el monopolio del saber que antes ejercían instituciones eclesiásticas y aristocráticas. Al difundir ideas, cuestionar dogmas y facilitar el debate público, la imprenta se erigió como un motor de cambio social, sentando las bases para movimientos reformistas y democrático.  Aunque la escritura debilitó la memoria humana, la imprenta democratizó el acceso al conocimiento. La tecnología y sus productos no s...