El síndrome de la impostora
A una ingeniera de treinta y cuatro años le dan un ascenso un jueves por la tarde. Se lo comunican en un despacho, le dan la mano, le dicen que se lo merece. Y esa misma noche está en la cama a las dos de la mañana, sin poder dormir, repasando por qué se lo han dado a ella. Piensa si fue por el proyecto de Lisboa, que salió bien, o si fue porque cae bien y se lleva bien con todo el mundo. Piensa si el director la propuso convencido o si simplemente tocaba. Y en algún momento de esa noche piensa una cosa muy concreta, que es que ahora ya solo falta que alguien se dé cuenta. Al día siguiente se lo cuenta a su jefa tomando un café, medio en broma, como se cuentan estas cosas. Y su jefa, que la aprecia de verdad y que no tiene ninguna mala intención, por la tarde le manda un enlace. Es un artículo sobre el síndrome de la impostora. Ella lo lee, se reconoce en casi todo, y siente al principio un alivio grande, porque resulta que lo que le pasa tiene nombre y le pasa a mucha gente. Pero lue...