Hablando se entiende la gente... y las máquinas
Las IAs conversacionales cada vez están más presentes en nuestras vidas. Mejorar la comunicación con ellas no sólo nos permite poder usarlas de manera más eficiente, sino que puede ser una forma de mejorar la comunicación entre nosotros, los humanos. Mientras facilitan nuestras tareas cotidianas actúan como un espejo, reflejando nuestras propias fallas y virtudes comunicativas. En la interacción con las IAs conversacionales los humanos aprendemos también sobre nosotros mismos.
Los chatbots inteligentes trabajan interpretando el lenguaje humano, un proceso que involucra no solo el reconocimiento de palabras, sino también la comprensión del contexto y la intención detrás de ellas. Esto implica un análisis más profundo que va más allá del significado literal, incluyendo la interpretación de matices, el tono, y las implicaciones culturales o situacionales que pueden influir en el significado de lo que se dice.
Este nivel de interpretación, aunque avanzado, tiene sus limitaciones. Estas pueden incluir dificultades para comprender completamente el lenguaje humano en toda su complejidad, incluyendo ironías, metáforas, expresiones idiomáticas y contextos culturales específicos. Además, la IA puede no ser capaz de manejar situaciones ambiguas o interpretar correctamente las intenciones y emociones humanas en todo momento.
Uno de los errores más comunes que los usuarios solemos comenter es no proporcionar suficiente detalle en nuestras solicitudes, o usar términos o frases vagas. Aunque la IA conversacional tenderá a completar aquello que sea necesario para poder dar una respuesta, la falta de detalles y la vaguedad llevan a interpretaciones erróneas, resultando en respuestas que no se alinean con nuestras expectativas. También lo contrario puede ser contraprodente. La sobrecarga de información, en contraste con la falta de especificidad, puede confundir a la IA. La clave está en encontrar un equilibrio entre ser concisos y proporcionar suficiente contexto.
Hay otros muchos errores que solemos cometer al establecer el prompt de nuestra solicitud a la IA conversacional, como, por ejemplo, asumir que tiene conocimiento previo o contexto que en realidad no posee (ver Evaluando los taninos), o usar jerga y terminología poco extendidas. En cualquier caso, solemos tener una intución de cual ha sido nuestro error cuando vemos la respuesta que devuelve la herramienta, y es entonces cuando refinamos nuestro prompt y volvemos a lanzar la petición. Aún así, no es fácil objetivar estos errores y convertirlos en lecciones aprendidas que nos ayuden a no volver a comenterlos.
La propia IA con la que hemos estado interactuando puede analizar la conversación, identificar qué prompts han necesitado ser refinados y cuáles han sido los motivos por los que los hemos tenido que corregir. Con una simple petición a nuestro chat inteligente, podemos obtener valiosas lecciones aprendidas, las cuales nos permitirán mejorar nuestras interacciones futuras gracias a prompts más efectivos.
Analiza la conversación que hemos tenido. Identifica qué prompts he necesitado refinar, y cuáles han sido los motivos por los que he tenido que corregirlos.
Si se utiliza la capacidad de algunas herramientas, como Google Bard o ChatGPT, para editar prompts ya lanzados para corregirlos, se perderá la posibilidad de que la IA pueda analizar las correcciones realizadas a lo largo del chat, ya que estas habrán quedado ocultas en otras ramas de la conversación. Para poder beneficiarnos del prompt anterior no editaremos las peticiones pasadas, sino que utilizaremos una nueva interacción para lanzar el nuevo prompt.
Quizá este tipo de estrategias puedan ayudarnos a aprender, no solo a comunicarnos efectivamente con las IA conversacionales, sino también a mejorar nuestra interacción entre nosotros mismos. Es posible que estas herramientas nos muestren el camino a un nivel más profundo de entendimiento y conexión, facilitando una comunicación más empática y consciente. Incluso, podrá abrirse la puerta a mejorar la comunicación con uno mismo ("autoprompting"), y así desarrollar una mayor habilidad para manejar nuestras reacciones y emociones.




Comentarios
Publicar un comentario